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Roberto Giraldo              

                                                                                                                                              

            “Ciencia (o) Ficción”.


Por: Andrés Lopera Sánchez

1.


– ¿Será que sí estoy loco? –, se pregunta el Doctor Roberto Giraldo.
– ¿Será que sí estoy loco?–, repite. Por lo menos sabe algo con certeza: está completamente solo, lejos de su país, de su familia, de sus amigos y sin trabajo. Es una tarde calurosa de julio y, yendo a su casa, una imagen vuelve a su recuerdo: la mirada esquiva de sus colegas médicos cuando era jefe encargado de una sala de medicina interna del Seguro Social en Medellín, unos meses atrás. En ese momento no lo entendió, pero ellos desconfiaron de su cordura cuando al asistir a todas las reuniones y foros del tema médico del momento, el SIDA, exponía su teoría sobre la enfermedad cada vez con mayor convicción y vehemencia. No imaginó siquiera lo que venía: en poco tiempo sus colegas decidieron que lo mejor era internarlo en un hospital siquiátrico.


El teléfono sonó en la mañana, un domingo. Al otro lado de la línea su ex esposa le dijo: “Roberto, mañana te van a mandar a un siquiátrico...”. Esa misma tarde compró el pasaje y huyó de Colombia al día siguiente, cuando ya le tenían lista la camisa de fuerza. Llegó a Miami. La necesidad de encontrar puntos de vista diferentes a los planteados por la comunidad científica en torno al SIDA lo obligaron a convertirse en un asiduo visitante de las bibliotecas en facultades de medicina de la ciudad. Sin embargo, después de varios meses de investigaciones infructuosas, no ha encontrado otras opiniones acerca de la enfermedad.


Esta tarde, llegando a su casa, un fantasma visita de nuevo sus pensamientos: –¿Será que sí estoy loco?– se pregunta otra vez. Entonces reinicia el ejercicio racional que ya ha practicado cientos de veces: analizar la información que tiene en su cabeza, desde los conceptos básicos de medicina, pasando por las enfermedades infecciosas y tropicales, hasta llegar a todo lo que ha investigado del SIDA... cada vez está más seguro de sus conocimientos, pero duda de sí mismo.


Al llegar a su casa recibe la sorpresa que necesita para quitarse de encima los fantasmas que lo han rondado desde que llegó a Miami: un amigo lo espera con una revista Discovery en la que hay un artículo cuestionando la “teoría oficial” del SIDA, escrito por el respetado científico norteamericano Peter Duesberg.

2.
Cuando el doctor Roberto Giraldo decide retirarse de su cómodo cargo como Jefe del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Antioquia, para irse a montar un consultorio y un laboratorio con otros médicos, bacteriólogos, profesionales de la salud y “teguas”, en una de las regiones con mayores problemas de salubridad y seguridad del país, Magangué, sus colegas piensan que enloqueció.


“El loco” Giraldo, como lo llamaban sus compañeros en la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia, se caracterizó por ser siempre un estudiante de los que no tragaba entero, exigía la explicación de las cosas y no le gustaba que presentaran el conocimiento como hechos carentes de demostración. El decano de Medicina de esa época (Jorge Restrepo Molina) lo recuerda así: “(Roberto) era como un imán: todos querían conversar, estudiar y parrandear con él, siempre sabía dónde era la mejor fiesta del fin de semana, de qué era el examen al día siguiente y cuáles los libros que se tenían que estudiar; no se perdía fiesta y sus notas eran las mejores”. Pero “el loco” Giraldo no está loco: después de 5 años como Jefe del departamento de Microbiología y Parasitología, se retira por que quiere aplicar sus conocimientos en enfermedades infecciosas donde más los necesitan.


Giraldo creció en Medellín, en el seno de una familia poco convencional: su madre siempre lo invitaba a cuestionar lo que escuchaba y su padre no daba órdenes, todo se discutía y se decidían las cosas según los mejores argumentos. La muerte de una tía a la que quería mucho trazó el curso de su vida; lo motivó a estudiar medicina, pues tuvo una sensación: los médicos no habían hecho lo suficiente para salvarle la vida.


Se especializó en Medicina Interna y desarrolló una profunda inquietud hacia las enfermedades infecciosas y tropicales, leía de todo lo relacionado con el tema: desde la historia de las actuales, hasta las plagas del Medioevo. Finalmente termina inscribiéndose en London School of Hygiene and Tropical Medicine, en London University. Allí se gana el respeto entre sus compañeros y profesores por las discusiones y debates que proponía y sostenía.


En la universidad comienza a investigar las inmunodeficiencias secundarias o adquiridas poco comunes y descubre que en los poblados más pobres del África es común encontrar un tumor llamado Sarcoma de Kaposi, que se creía erradicado, pero que hoy es muy conocido por que es una de las formas como se manifiesta el SIDA, especialmente en los homosexuales.


En 1975 volvió de Londres y fue elegido Jefe del departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Antioquia. Uno de los profesores de la misma institución, que trabajaba en un dispensario antivenéreo en la “zona de tolerancia” de Medellín, le consultó si sabía algo que relacionara a los homosexuales con las infecciones. El médico, especializado en microbiología, había notado que en los últimos años a los homosexuales los afectaban más fuertemente las infecciones. Pocos días atrás el doctor Giraldo había leído en un reporte del Departamento de Parasitología de la Universidad de Nueva York que a los homosexuales de esta ciudad les estaban dando más parásitos que al resto de la comunidad, porque los adquirían de los inmigrantes. El razonamiento le pareció totalmente errado. – si la comunidad homosexual está sufriendo con mayor fuerza de parásitos, no es por que los adquieran de inmigrantes, sino por que de alguna forma tienen las defensas más bajas, ¿Porqué a los homosexuales sí y a los heterosexuales no?– se cuestionó.


Giraldo empezó a investigar sobre la comunidad homosexual en Estados Unidos y en Europa y descubrió que en los reportes médicos de los años setenta se nota un incremento de las infecciones y de los tumores en esa comunidad. “Qué hay de nuevo, de diferente, en ese grupo social”, se preguntó, y encontró que con la masificación de los alucinógenos y la psicodelia (en los años sesenta y la primera mitad de los setenta), muchos homosexuales comenzaron a utilizar drogas y a realizar prácticas sexuales diferentes. Giraldo concluyó que las bacanales desenfrenadas, promiscuidad, sadomasoquismo y el uso indiscriminado de drogas podrían haber debilitado gradualmente el sistema inmunológico, propiciando que las defensas se redujeran y estuvieran más propensos a contraer enfermedades. –Eso destruirá y hará colapsar el sistema inmunológico de la comunidad homosexual¬– dijo en varias conferencias a mediados y finales de los 70's.


3.
El SIDA aparece en 1981 y la comunidad científica en el mundo se enfoca hacia esta nueva enfermedad. En 1983 en el Instituto Pasteur de Paris describen el virus asociado al SIDA. En 1984 en el laboratorio de virología del Instituto Nacional De Cáncer de los Estados Unidos aíslan un virus que podría causar el SIDA. En 1985 aparecen los test para determinar en sangre los anticuerpos contra el VIH. En 1987 comienza a utilizarse la primera droga antiretroviral: el AZT...


En una tarde calurosa de julio del año 1988 el doctor Roberto Giraldo llega a su casa y lee el artículo de Peter Duesberg que cuestiona las teorías que hay en torno al SIDA. –Ese ha sido el momento más feliz de mi vida: al leer ese artículo me di cuenta definitivamente que no estaba loco–.


A finales de la década de los 90 un grupo de científicos comenzó a cuestionar lo que estaba establecido con respecto a la enfermedad. ¿Qué es el SIDA? ¿Qué lo causa? ¿De dónde proviene el VIH? ¿Produce el VIH el SIDA? Esta discusión ha generado dos corrientes diferentes: Quienes siguen la teoría oficial (“los oficialistas”) sostienen que el SIDA es causado por la infección de un virus, conocido como VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). Sin embargo, no se sabe de dónde proviene el SIDA. Los científicos tienen diferentes teorías acerca de su origen, pero no se ha probado ninguna de ellas, reconoce el Centers for Disease Control and Prevention de los Estados Unidos (CDC) la más importante agencia federal para la protección de la salud. El primer caso conocido de VIH fue encontrado en una muestra de sangre recogida a un hombre en República Democrática del Congo en 1959, de quien no se sabe cómo contrajo la infección. El análisis genético de ésta muestra de sangre indica que el VIH-1 pudo haber provenido de un único virus a fines de los años cuarenta o principios de los años cincuenta. Aunque existe evidencia científica abrumadora de que el VIH es la causa del SIDA, todavía no se comprende completamente el proceso de la enfermedad, asegura el CDC.


Los que no están de acuerdo con la teoría oficial (“los disidentes”) sostienen que el SIDA no puede tener causa viral y que debe entenderse como la más severa de todas las inmunodeficiencias adquiridas. Según esta teoría, se debe a múltiples exposiciones, repetidas y crónicas, del sistema inmune a agentes estresantes. Los agentes estresantes atacan las células que forman parte del sistema inmunológico, afectando sus reacciones metabólicas. Este deterioro progresivo y continuo del sistema inmune genera un déficit severo de las funciones de defensa, equilibrio y vigilancia del cuerpo. Con un organismo indefenso, es normal la aparición simultánea de infecciones, tumores y alteraciones metabólicas. El colapso del sistema inmune causa eventualmente la muerte del individuo. VIH y SIDA no son una misma cosa y lo que se conoce como VIH no es la causa del SIDA. El VIH no es un virus patógeno y por lo tanto no puede explicar las alteraciones inmunológicas. Aún más, existe una abundante documentación objetiva que señala cómo lo que conocemos como VIH, ni siquiera parece que sea un virus con existencia real, pues jamás ha sido aislado o purificado.


Dentro de los seguidores de la teoría oficial se destaca el doctor Jay Levy y los doctores Robert Gallo y Luc Montagnier (ganadores del premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2000 por descubrir el virus del SIDA). Entre los científicos más destacados de los “disidentes” está el doctor Roberto Giraldo, presidente de “Rethinking AIDS”, la más importante organización de disidentes en el mundo, a la que pertenecen Peter Duesberg, David Rasnick y Kary Mullis (premio Nobel de Química del año 1993).


4.
“La medicina ha estado basada en la infectología: los microbios y los parásitos causan enfermedades”, dice el Doctor Giraldo. Con esa concepción llegó a la universidad, pero al empezar el curso de microbiología se dio cuenta que los microbios y los parásitos no causan enfermedades por sí mismos, necesitan otros factores para producirlas, pues solamente atacan exitosamente a los organismos que estén débiles o sean propensos. Y agrega, “A la corriente Pasteuriana se le deben inmensos errores en la medicina durante el último siglo: el escorbuto y la pelagra, causadas por deficiencias de vitamina C y complejo B respectivamente, se creyeron y se trataron como enfermedades infecciosas por mucho tiempo; de igual forma, también se ha gastado mucho tiempo y dinero en el mundo tratando de encontrar el microbio que causa el cáncer y todas las enfermedades. En virtud de esta corriente, en el mundo científico de hoy, la hipótesis se convierte en teoría sin tener en cuenta la demostración”.


Infortunadamente tuvo que abandonar Magangué, la escuela más grande que he tenido en mi vida, recuerda con nostalgia, pues los problemas de seguridad se tornaron insostenibles. Al llegar a Medellín, en el 87, comenzó a trabajar en el Seguro Social como encargado de una sala de medicina interna. Sabemos qué pasó después: lo creyeron loco, huyó a Miami y en julio de 1988 leyó el artículo de Duesberg. A partir de ese momento investigó más y más, recolectó información sobre el SIDA, la teoría oficial y los científicos que no están de acuerdo con ella. Durante 4 años recopiló una gran biblioteca del tema; estudió como nunca lo había hecho en su vida y descubrió que cada vez se incrementaba el número de personas que no compartían la teoría oficial. Su objetivo era adquirir un conocimiento respetable del tema y, aunque escribió un par de cartas a Duesberg, él no respondió.


El encuentro se dio después, en 1993, cuando Giraldo ya vivía en Nueva York y la era de la Internet había comenzado. Por esos días Peter Duesberg escribió otro artículo en una revista científica que fue duramente criticado por los lectores. Giraldo escribió una carta en la que replicaba las críticas hechas al artículo, elogiaba la teoría de Duesberg y exponía la suya. La carta llegó a manos de Duesberg y se pusieron en contacto vía Internet. “Rethinking AIDS” estaba naciendo y Giraldo comenzó a participar activamente en él.


5.
En el crepúsculo del siglo 20, ya con un carácter establecido, unos ideales y posturas firmes respecto al SIDA, “Rethinking AIDS” sólo necesitaba que el problema de esta enfermedad se convirtiera en un asunto de vital importancia para la opinión mundial. A la llamada “enfermedad de las tres H”, homosexuales, haitianos y hemofílicos, se integró otro aspecto que desconcertó a la comunidad científica pero no a los disidentes: África.


Cuando surgió la enfermedad en el estado de California, todos dijeron al unísono: es una enfermedad homosexual; luego, al encontrar casos en Haití, y en las ciudades de Nueva York, Hamburgo y Ámsterdam, todas ellas puertos importantes, la explicación fue mucho más simplista: los inmigrantes haitianos adquirieron el virus de las relaciones sexuales con animales durante su pasado en el África, y sólo hasta ahora se está manifestando. Aseguraban que los inmigrantes transmitían la enfermedad cuando llegaban a los puertos, al tener relaciones sexuales; después vinieron casos en hemofílicos, y la culpa la cargó el hecho de que a ellos se les debían hacer transfusiones de sangre.


Cuando el SIDA apareció en África con visos de epidemia (y con igual frecuencia entre hombres y mujeres), todo el mundo quedó desconcertado: allí ni siquiera hay evidencias culturales de homosexualismo ni haitianos ni hemofílicos. Al interior de “Rethinking AIDS” vieron en esta situación la oportunidad de demostrarle al mundo que su teoría era válida, pero ¿Cómo?.


De nuevo una llamada telefónica cambió el rumbo de las cosas: Thabo Mbeki, un intelectual miembro del Congreso Nacional Africano (ANC, partido político al que también pertenece Nelson Mandela), fue elegido presidente de este país en 1999. En enero del año 2000 el presidente Mbeki contactó a “Rethinking AIDS”, con el fin de invitarlos a participar en un foro científico del SIDA, en el cual también estarían los científicos que sostienen la teoría oficialista. Lo que imaginaron era una broma pesada se convirtió en el impulso vital para que se diera la discusión de este tema a nivel mundial. Pero la llamada de Mbeki había estado precedida por varios hechos importantes...


En 1997 se decretó una ley en Sudáfrica que permitía las importaciones paralelas y la producción local de sustitutos genéricos de medicamentos de marca para el tratamiento del SIDA, violando así el Acuerdo sobre Aspectos Relacionados con el Derecho a la Propiedad Intelectual en el Comercio, de la OMC (Organización Mundial de Comercio). Este acuerdo fija la protección a las patentes por 20 años, y la ley no pudo entrar en vigencia porque 39 compañías farmacéuticas la demandaron en febrero de 1998.


En octubre del 99 Mbeki hizo público su cuestionamiento de los criterios oficialmente establecidos sobre el SIDA y decidió que no se administrara AZT-Retrovir a las seropositivas embarazadas de Sudáfrica, porque era posible que este fármaco fuera más dañino que beneficioso y debía investigarse más su toxicidad. En diciembre del mismo año el presidente le formuló ocho preguntas a su ministra de Salud, y un mes después las envió por fax, así como las respuestas recibidas, a David Rasnick, un importante científico estadounidense. Al día siguiente Mbeki habló directamente por teléfono con Rasnick y le preguntó si apoyaría sus esfuerzos por hacer una reevaluación de los tratamientos y otros aspectos del SIDA. Rasnick le respondió que no sólo podía contar con él, sino con numerosos científicos, médicos, personas afectadas y asociaciones de distintas partes del mundo.


A comienzos del 2000 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, presidido por los EE.UU., declaró que la epidemia de SIDA era una “cuestión de seguridad global”. El 28 de febrero la Agencia de Prensa de Sudáfrica informó que “el Gobierno está organizando un panel con más de treinta científicos de todo el mundo, una docena de ellos críticos, que discutirían posiciones distintas sobre causas, diagnósticos, prevención y tratamiento del SIDA”. El panel se celebró en Pretoria el 6 y 7 mayo de 2000, sin la presencia de periodistas, debido a una exigencia de los “oficialistas”. Asistieron 33 científicos y médicos provenientes de 14 países, entre ellos el colombiano Roberto Giraldo, los cuales llegaron a varios acuerdos: continuar el debate por la Internet de forma cerrada y constituir un comité para compartir los resultados de los estudios epidemiológicos. Al final del panel los “disidentes” redactaron una declaración con recomendaciones al gobierno de Sudáfrica, en la que se destacan los siguientes puntos:


“El SIDA no es contagioso, aunque muchas de las manifestaciones oportunistas lo sean; el SIDA no es transmitido sexualmente; el SIDA no es causado por el VIH; los medicamentos anti-VIH, cuya toxicidad está admitida, matan a las personas. Para el tratamiento y la prevención del SIDA en Sudáfrica y en otros países africanos se deben dedicar la mayoría de los recursos biomédicos y otros, nacionales e internacionales, a la erradicación y tratamiento de las enfermedades definitorias de SIDA, tales como tuberculosis, malaria e infecciones entéricas, a la mejora de la alimentación, a proporcionar unas condiciones de salubridad mejores y agua potable. Rechazar completamente el empleo de medicamentos anti-VIH. Inevitablemente estos medicamentos requieren cantidades importantes de otros medicamentos compensatorios, y lo que se proclama es que, en el mejor de los casos, sólo producen beneficios transitorios en pacientes gravemente enfermos. Suspender los tests del VIH hasta que se pruebe su relevancia especialmente en el contexto africano, dada la evidencia de resultados falso-positivos en una zona tropical, y dado el hecho de que la mayoría de los supuestos y predicciones sobre el SIDA en África se basa en tests del VIH.”

6.
El verano ha comenzado a menguar. Es el primer sábado de septiembre y he salido a cumplir con una cita que parece orquestada por un dios cómplice. Tomo el bus en la esquina de Hillside Avenue con 82, en el tranquilo barrio Floral Park, ubicado en el extremo este de Queens. Recuerdo las indicaciones que el doctor Roberto Giraldo me ha dado para llegar a su casa.


Al darme cuenta que voy a llegar tarde a la cita, me desespero, pero al recordar las coincidencias que han ocurrido para que este encuentro se haya convertido en algo posible, me tranquilizo. Hace más de 10 años conocí en Medellín a Andrés y Diana Giraldo Kurk, un par de hermanos de quienes me hice amigo de inmediato. A Diana le había perdido la pista y la sorpresa de encontrarla en Nueva York fue inmensa. Nos saludamos con el abrazo de siempre, la pregunta obligada “¿qué haces aquí?” va y vuelve, y las respuestas: “estoy en fotografía”, me contó ella, y yo le hablé de las finanzas, “aunque mi verdadera pasión es otra, –le confesé– escribir”. Ella empezó a hablarme de su papá, Roberto Giraldo, “lo tenés que conocer, tenés que escribir de él”. Lo que me impactó de la historia era que se trataba de todo lo contrario al lugar común en el que se ha convertido en Colombia la historia del “cerebro fugado”: el doctor Roberto Giraldo más bien se podría definir como un “loco que huyó”.


Llego tarde a la cita. Me saluda tranquilo, de inmediato noto que es una persona descomplicada y cálida, como suelen ser los colombianos. Vive en el primer piso de una casa de dos plantas en el barrio Astoria. Noto que su acento paisa es muy marcado. Me ofrece algo de tomar y comer. Mientras voy hacia la sala lo observo: sus gestos, su rostro, cómo actúa, cómo se mueve... quiero encontrar algo particular en él, en esa persona que ha osado irse "lanza en ristre" contra lo establecido, pero me doy cuenta que es alguien común y corriente. Su temperamento es ansioso, no deja quietas sus manos ni sus piernas y su mirada vuela con rapidez, al igual que sus palabras. Va saltando desordenadamente de un tema a otro, con el fin de lograr que quien está escuchándolo pueda comprender plenamente la idea que plantea. Es locuaz y respetuoso.


Enciendo la grabadora y le pregunto, por fin, ¿Dónde comienza toda esta historia?
Y, felizmente, cuando el verano del año 2000 se iba diluyendo para darle paso al otoño, él comienza a hablar...

7.
Cerca del 10% de la población en Sudáfrica tienen SIDA, lo que lo convierte en el país con más seropositivos en el mundo. En una situación similar se encuentran el resto de naciones subsaharianas, la mayoría más pobres. El responsable de la ONU para crisis humanitarias declaró en el 2001: “la pandemia en África ha alcanzado niveles sin precedentes”.


El juicio que se inició el 5 de marzo de 2001 ante el Tribunal Supremo de Pretoria fue definido por diferentes organizaciones humanitarias con un lema muy gráfico: “Patentes vs. Vidas”. Buscando apoyar al gobierno sudafricano las organizaciones declararon: “Deben prevalecer las consideraciones humanitarias sobre las comerciales”.


La demanda instaurada en febrero de 1998 por 39 compañías farmacéuticas en contra de Sudáfrica, fue retirada de los tribunales. Aunque el representante de las farmacéuticas alegaba que “ciertos apartados de la Ley de Control de Fármacos sudafricana se oponen a la Ley Internacional de Patentes”, y sostuvo que “los altos precios de las drogas de patente son producto de los costos de investigación y desarrollo, si no se cubrieran esos costos los medicamentos nunca llegarían a existir”. La demanda fue retirada antes de que las empresas hubieran tenido que dar información -que hasta ahora no habían querido proporcionar- sobre los costos de investigación en que incurren; además, como aseguran las organizaciones humanitarias, “el dinero público ha cubierto una parte importante del desarrollo de medicamentos contra el VIH/SIDA. Las patentes de antirretrovirales importantes pertenecen o al gobierno estadounidense o a instituciones académicas. El sector privado invierte cantidades mínimas en investigación para enfermedades que afectan principalmente a países en desarrollo”.


El presidente Mbeki anunció al inicio del juicio que podía calificar oficialmente como “emergencia sanitaria” el SIDA en su país, sin ningún problema. Además, según la OMS (Organización Mundial de la Salud), África constituye tan sólo el 1,3% del mercado farmacéutico mundial.


Desde que se inició el juicio, varias multinacionales involucradas han hecho reducciones hasta del 55% en el precio de venta de los medicamentos utilizados para el tratamiento del SIDA. Aun así, se estima que el costo del tratamiento anual de cada seropositivo se reduciría al 10% del costo actual, después de las reducciones mencionadas, si se utilizaran genéricos.


La organización internacional humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha seis semanas antes de que se iniciara el juicio una campaña para recolectar firmas a través de la Internet con el objeto de frenar la acción judicial. Más de 250 mil personas de 130 países firmaron el manifiesto de apoyo al gobierno sudafricano. “La sociedad civil pide a las industrias farmacéuticas que retiren la demanda: el manifiesto lo han firmado desde los cuatro mil habitantes de los suburbios de Nairobi hasta celebridades como Whoopi Goldberg, Carlos Santana y el grupo de rock REM”, declaró un portavoz de la organización.


El gobierno sudafricano y de otros países como Kenia, Botsuana, Etiopía, Costa de Marfil, Mozambique, Namibia, Nigeria, Ruanda, Tanzania, Uganda y Zambia, celebraron que la demanda haya sido retirada de los tribunales... En las calles de Pretoria hubo fiesta: el grito de “¡Amandla!” (que significa “¡Poder!”) se escuchó en cada rincón de sus calles, junto a los cánticos del himno nacional “Nkosi sikelele África” (Dios bendiga a África).

El mundo está de fiesta.

8.
El doctor Roberto Giraldo Molina, médico internista colombiano especializado en la School of Hygiene and Tropical Medicine de Londres, asesor para asuntos del SIDA del gobierno Sudafricano, elegido Rey de los curanderos de Camerún, que trabaja en este momento en el laboratorio de Inmunología Especial y de Diagnóstico Molecular del New York Presbyterian Weill Cornell Medical Center, ha expuesto su teoría en los principales congresos y foros de SIDA en India, Colombia, Estados Unidos, España, Sudáfrica, México, República Checa, Suiza y Croacia.


Al terminar nuestra quinta y última entrevista, quise hacerle una pregunta que podría molestarlo y, con la certeza de que era mejor que me sacara a patadas al final que al principio, decidí preguntar: -doctor, ¿qué tal si se demuestra que usted y su grupo están equivocados...?”. Me miró de una forma que no puedo definir, pero su respuesta lo dijo todo: “Si se demuestra que estamos equivocados, de todas formas nuestro esfuerzo valió la pena pues contribuimos a que se construyera una verdad científica a partir de la confrontación de dos teorías, estimulando a que se restableciera el método científico. De lo que estoy seguro es que quienes sostienen que el SIDA es producido por el VIH están equivocados, esa teoría no es cierta y es tan débil que no ha podido demostrar, ni siquiera, la existencia del virus y la conexión de éste con el SIDA”.


No sé qué pensar, si aceptar la teoría “oficialista” o la “disidente”: no soy científico, pero a mi memoria llegan los nombres de Giordano Bruno y Galileo Galilei, quienes en su momento se atrevieron a cuestionar las verdades que estaban establecidas... espero que el Doctor Giraldo no sea quemado en ninguna hoguera y tampoco se tenga que retractar, bajo el temor del fuego. Quisiera pensar en Arquímedes y su grito: ¡Eureka!... Y a Diana, decirle: sí, tenías razón, tenía que escribir de él...
Y, como dice en la presentación de “Los Archivos X”, la serie de televisión de ciencia ficción, “La verdad está allá afuera”.
                    

 

 

   
 
   
 
 
   

 

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